Pablo Neruda, Walking around

Traduzione di Stéfano Pérez Tonella

Capita ch’io mi stanchi di essere uomo
Capita che entri nelle sartorie, nei cinema
pallido, impenetrabile come un cigno di feltro
mentre navigo in un’acqua di cenere ancestrale.

L’odore dei parrucchieri ma fa piangere a dirotto.
Solo vorrei un riposo di pietre o di lana,
Solo vorrei non vedere stabilimenti o giardini,
prodotti, occhiali, ascensori.

Capita ch’io mi stanchi dei miei piedi e delle unghie
dei capelli, della mia ombra.
Succede che mi stanchi di essere uomo.

Sarebbe senz’altro delizioso
spaventare un notaio con un giglio reciso
o dar morte a una monaca con un colpo d’orecchio.

Sarebbe bello
vagare per le strade con un coltello verde
e gridare, fino a morire di freddo.

Non vorrei continuare a essere radice nelle tenebre,
così instabile, tremando di sonno; proteso
verso il basso, nelle viscere umide della terra,
assorbendo e pensando, mangiando ogni giorno.

Non vorrei per me tante disgrazie.
Non vorrei continuare a essere radice e tomba,
sotterraneo desolato, scantinato di morti
intirizziti, non vorrei morire di pena.

Per questo il signor lunedì brucia come petrolio
quando mi vede arrivare con il volto da carcerato,
e ulula per strada come una ruota ferita
avanzando con passi di sangue caldo verso la notte.

E mi chiude in certi angoli, di case umide,
in ospedali di ossa ributtate dalle finestre
calzolerie dalla puzza d’aceto,
strade spaventose come crepe.

Ci sono uccelli color di zolfo e orribili intestini
appesi alle porte delle case che odio,
dentiere dimenticate in una caffettiera,

specchi
che avrebbero dovuto piangere di vergogna e spavento,
ci sono ombrelli ovunque, e veleni, e ombelichi.

E io passeggio con calma, con occhi, con scarpe,
con furia, con smemoratezza,
passo, attraverso uffici, negozi di ortopedia,
e cortili, là dove il bucato giace appeso a un filo:

mutande e asciugamani, camicie che piangono
lente lacrime sporche.


Pablo Neruda, Walking Around

texto original (en español)

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.

Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,

Hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:

calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda. Foto: N.D.

Pablo Neruda. Foto: N.D.